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lunes, 28 de abril de 2014

Revocatoria en las altas cortes. Editorial El Espectador 23 de abril de 2014

23 ABR 2014 - 11:43 PM
Editorial de El Espectador
Revocatoria en las altas cortes
Desde siempre este periódico ha defendido a los jueces de la República, empezando por sus más altos magistrados, porque en sus manos reposa la fortaleza de la democracia misma.
Por: Elespectador.com
En épocas pretéritas del terrorismo infame que también azotó esta casa periodística, El Espectador no ahorró esfuerzo alguno para clamar por la integridad de los jueces valientes y para exaltar la memoria de aquellos magistrados sacrificados, unos en el holocausto del Palacio de Justicia y otros en aleves crímenes que siguen en la impunidad.
Hoy la situación, lamentablemente, es diferente. De un sistema judicial respetable que, no obstante sus humanos yerros, era acatado sin reparos por la mayoría de los colombianos, hemos pasado a convivir con una justicia que no sólo no convence ni tranquiliza, sino que intimida. No en vano las encuestas sobre la percepción ciudadana frente a la justicia arrojan resultados deplorables: más de un 75 % opina que nuestros jueces no están cumpliendo a cabalidad sus funciones y, peor, que el ciudadano de a pie está desprotegido.
Un gran lunar de la Carta Política del 91 fue el diseño de un sistema judicial en el que a los más altos magistrados se les hizo partícipes de funciones electorales, con la esperanza de que con la intervención de funcionarios inmaculados se purificaran los vicios en los organismos de control. El experimento, sin embargo, ha mostrado su fracaso estruendoso, al extremo de que hoy pone en riesgo la supervivencia misma de las altas Cortes y de toda la justicia, mientras que los entes de control, en vez de mejorar, también se han involucrado en esa sofisticada corruptela.
El país asiste estupefacto a los recurrentes escándalos que se suscitan en las salas plenas de las corporaciones. Un grupo de jueces hace mal uso de los permisos y viaja en placentero crucero en compañía de la entonces presidenta de la Corte Suprema de Justicia y, vaya coincidencia, luego varios de estos viajeros se convierten en magistrados con el apoyo de su ilustre acompañante. Igualmente, varios magistrados han convertido las corporaciones en feudos nauseabundos, lo cual les permite salir de una corte y pasar a otra, como si la Rama Judicial fuese su hacienda personal. Recientemente se ha conocido que un magistrado de la Sala Penal se declaró tardíamente impedido para conocer del pleito del carrusel de la contratación, cuando debió haberlo hecho desde el inicio. A eso se suman las cuotas burocráticas con las que la Fiscalía, la Procuraduría, la Contraloría, la Defensoría del Pueblo y la Auditoría General de la República han venido consintiendo la voluntad de los togados. En fin, sería interminable reseñar todos los hechos bochornosos que por desgracia suceden hoy en el Palacio de la Justicia.
Ese ambiente de clientelismo rampante, tráfico de influencias, decisiones amañadas para complacer a excolegas de la magistratura, muchos de ellos dedicados a la innoble tarea del cabildeo judicial, el favoritismo y hasta la politización de las decisiones judiciales, ha hecho metástasis. La justicia pasa por su peor momento y es urgente adoptar medidas que reparen el inmenso daño y encuentren el rumbo de la decencia y la recta administración de justicia que jamás debió haberse extraviado.

El Gobierno Nacional intentó una reforma a la justicia que por fortuna fracasó ante la indignación general que suscitó la constitucionalización de las canonjías y las prebendas. Llegó la hora de que el país se sacuda y adopte como solución a este gravísimo cáncer la revocatoria de todos los actuales magistrados de altas cortes, como lo ha propuesto desde hace meses en estas páginas nuestro columnista Ramiro Bejarano. El cómo se llegue a esta solución es asunto de carpintería, pero lo urgente e inaplazable es detener el derrumbe de una justicia que está al borde del abismo.

"Para reformar a la justicia se debe modificar todo el sistema jurídico": Presidente de la Corte Suprema de Justicia Doctor Luis Gabriel Miranda

"Para reformar a la justicia se debe modificar todo el sistema jurídico"
El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Luis Gabriel Miranda, manifestó que pese a que una reforma a la justicia “es indiscutible”, a dos meses del comienzo de una nueva legislatura no se conoce un proyecto que haga referencia al mismo.

Para el magistrado, es menester tener en cuenta la historia del país cuando se ha querido aplicar este tipo de reformas ya que en la mayoría de las oportunidades el resultado ha sido nefasto, por lo que un nuevo proyecto debe tener énfasis en soluciones de fondo y de forma con el fin de mejorar la mayoría de los problemas para el acceso a la justicia.
“Tiene rediseñarse nuestro sistema jurídico, inclusive nuestra propia Constitución”, precisó Miranda, al poner como ejemplo las funciones otorgadas a la mayoría de los organismos administradores de justicia y la forma en cómo se eligen a los magistrados de las altas cortes.
Igualmente señaló que es menester crear mecanismos para descongestionar los despachos judiciales, puesto que los juzgados que tienen entre 500 o 1.000 procesos “no pueden administrar justicia” de manera correcta y eficiente.
Todas estas medidas dirigidas a acercar a los ciudadanos a las autoridades que administran justicia. “Este proyecto debe ser controvertido por todos los sectores que la armas y tienen relación y participación” en la misma para que este no conduzca al fracaso.
“Reformas parcializadas han tenido un efecto nefasto en sus proyectos”, precisó el presidente del alto tribunal que manifestó que esta reforma es comparable con una especie de maquillaje puesto que no se solucionan los problemas de fondo.

Fuente: elespectador.com 28 abril 2014 - 11:34 AM

miércoles, 19 de marzo de 2014

“La autonomía e independencia judicial son innegociables en una reforma a la justicia”: Luis Gabriel Miranda Presidente Corte Suprema de Justicia

Luis Gabriel Miranda: “La autonomía e independencia judicial son innegociables en una reforma a la justicia”
27 de Febrero 10:28 AM Ambito Jurídico

En diálogo con ÁMBITO JURÍDICO, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Luis Gabriel Miranda, se mostró partidario de la modificación de la tutela y de la introducción de instrumentos que permitan solucionar los problemas de congestión excesiva que, en el caso de la Sala Laboral, califica como alarmante.

Miranda reveló que esa corporación y el Gobierno han avanzado en la presentación de un proyecto de reforma a la Ley Estatutaria de Administración de Justicia, que crearía una sala de descongestión dedicada exclusivamente a resolver los casi 16.000 procesos de casación que la jurisdicción tiene pendientes.

Así mismo, anunció que, el próximo 28 de marzo, en Ibagué (Tolima), la Comisión Interinstitucional de la Rama Judicial iniciará en firme el debate de reforma a la justicia, a través de un gran foro, que contará con la presencia de todos los sectores involucrados.

ÁMBITO JURÍDICO: ¿Cuál es la expectativa de la Corte frente a la eventual reforma a la justicia?
Luis Gabriel Miranda: En este momento no tenemos claro el temario, pero tendríamos que analizar realmente cuáles son las necesidades de la justicia y los puntos neurálgicos que afectan su buena marcha. Con ese diagnóstico, podremos afrontar un verdadero proceso de reforma. Se ha hablado de las facultades de las cortes y la doble instancia, que son temas importantes, pero nos preguntamos si esos puntos, efectivamente, le darían al ciudadano un fácil acceso a la administración de justicia.

Á. J.: ¿La Sala Plena piensa presentar su propio proyecto?
L. G. M.: La Corte cumplirá un papel activo en la discusión de la reforma, sin perjuicio de que pueda proponer temas o, incluso, presentar una iniciativa propia o una común con las otras corporaciones.

Á. J.: ¿La presentación del proyecto conjunto se ha tratado en la Comisión Interinstitucional?
L. G. M.: Claro, y lo ideal sería hacerlo de forma conjunta.

Á. J.: ¿La función electoral de las cortes es esencial?
L. G. M.: Esas funciones fueron asignadas por el constituyente de 1991, con el único fin de mantener el equilibrio entre los poderes públicos. La Corte no ha desviado su función natural por cumplir este papel. Si se nos quitan esas facultades, pero se mantiene la premisa, el cambio no afectaría a las corporaciones. La pregunta clave es a quién se le entregarían.

Á. J.: ¿Caben modificaciones al mecanismo de elección de magistrados?
L. G. M.: No veo bien fundamentada la crítica al actual sistema, porque ha permitido el acceso de egresados de muchas de las universidades de este país. El método es amplio, participativo y democrático, pero si se pudiera extender su radio, bienvenida la discusión.

Á. J.: ¿Qué se debería mejorar para facilitar el acceso a la administración de justicia?
L. G. M.: Estamos haciendo tránsito hacia un sistema en el que reinará la oralidad. Ese cambio implica contar con toda la tecnología. Si vamos a empezar negando a la Rama la dotación de los elementos requeridos, de nada servirán las reformas. Concomitante con la expedición de códigos que facilitan el acceso a la justicia, debe estar el suministro de los insumos.

Á. J.: ¿Cuál es el balance actual en torno a disponibilidad de salas y acceso a tecnología?
L. G. M.: En cuanto a salas, no contamos con el número requerido; en algunos tribunales se carece de ellas. Los jueces están utilizando herramientas obsoletas.

Á. J.: ¿El problema radica en falta de recursos o en falta de planeación?
L. G. M.: Falta de recursos, porque el Consejo Superior de la Judicatura debe efectuar esa planeación con fundamento en los dineros que el Gobierno Nacional apropie en el presupuesto para la Rama.

Á. J.: ¿La evacuación del sistema escrito, comoquiera que era el objetivo previo a la implementación de la oralidad, ha cumplido las metas?
L. G. M.: El número de procesos escritos sigue siendo grande. He escuchado quejas de la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura, porque los recursos no son suficientes, y eso puede entrabar un poco la plena entrada en vigencia del sistema oral.
Á. J.: ¿Esas preocupaciones se han planteado en la Comisión Interinstitucional?

L. G. M.: Claro. Ya las estamos discutiendo. Creo que el Gobierno también ha mostrado preocupación por el tema.
Á. J.: Frente a la congestión, por ejemplo, la Sala Laboral, a la que usted pertenece, ¿cómo ha venido funcionando?
L. G. M.: La Sala Laboral está afrontando una situación muy crítica. Es casi imposible cumplir los términos estrictos que tenemos para fallar. En este momento, hay 15.975 procesos, o sea que nos corresponde un promedio de 2.200 a cada magistrado, en asuntos tan sensibles, porque tienen que ver con conflictos como los de pensión de vejez, de invalidez y sobrevivientes. Ese cúmulo de procesos ya desbordó por completo nuestra propia capacidad.

Á. J.: ¿En promedio, cuánto tarda una decisión de esta naturaleza?
L. G. M.: En casación, estamos evacuando recursos que llegaron a la Corte en el 2008 y el 2009. Eso es verdaderamente preocupante. Justamente, por la naturaleza de los temas, sentimos que no estamos cumpliendo, a pesar de toda la capacidad que disponemos en el ejercicio de esta Corte. Para siete magistrados que integran la Sala, es casi imposible dar una respuesta rápida y efectiva.

Á. J.: ¿Cuál sería la solución?
L. G. M.: Elaboramos un proyecto para crear una sala de descongestión laboral, que se dedicara únicamente a la evacuación de procesos y recursos, pero que no pueda variar la jurisprudencia de la Sala Laboral. Esa iniciativa se frustró, porque le faltó el último de los ocho debates en la plenaria de la Cámara de Representantes, pero este año, por intermedio del presidente de la Sala, Rigoberto Echeverri, hemos seguido adelante. Él se reunió con el ministro del Trabajo, Rafael Pardo, y se han adelantado varias entrevistas; creemos que tiene buen ambiente para ser presentado nuevamente ante el Congreso.

Á. J.: ¿Considera que hay características en la composición de la Rama que son innegociables en la reforma a la justicia? 
L. G. M.: Sí. La autonomía e independencia judicial, por mencionar unas, son fundamentales en cualquier Estado de derecho para la buena administración de justicia.

Á. J.: ¿Qué modificaciones afectarían ese principio?
L. G. M.: Para solo citar un indicador: que no se le permitiera a la Rama el manejo de su propio presupuesto, porque es ella la que sabe cuáles son las necesidades y las eventuales soluciones.

Á. J.: Frente a las actuales competencias de las cortes, ¿sería partidario de modificarlas?
L. G. M.: En la Corte Suprema, un factor de congestión son las acciones de tutela. A través de sus tres salas, está evacuando anualmente un promedio de entre 16.000 y 17.000. La Corte no debería conocer ciertos recursos de amparo sobre problemas que pueden ser resueltos por los jueces, porque la principal función que la Constitución le asigna a esta corporación es actuar como tribunal de casación, papel que se puede ver entorpecido por el conocimiento de numerosas tutelas.

Á. J.: ¿Qué salida propondría?
L. G. M.: La reforma a la justicia debería tocar el tema. Explorar instrumentos para que los jueces apliquen en debida forma el respeto y apego a las garantías constitucionales en los procesos ordinarios; darles herramientas para que, sin timidez, den prioridad a los derechos fundamentales en el empleo de los actuales códigos, entre otros. Así, la tutela recuperará su naturaleza residual y supletoria, que hoy se ha desvirtuado.

Á. J.: ¿Sería partidario de que organismos de cierre de la jurisdicción ordinaria no tuvieran que fallar tutelas?
L. G. M.: Podríamos pensar en que las cortes asumieran el control de sus propias decisiones a través de la acción de tutela, que sería un instrumento excepcional.

Á. J.: ¿Debería modificarse ese instrumento, para evitar que se convierta en una tercera instancia?
L. G. M.: Indudablemente. La tutela debe volver al espíritu original del artículo 86 de la Constitución, como mecanismo excepcional de protección frente a un perjuicio irremediable, cuando el afectado no disponga de otro medio de defensa judicial. Todo proceso judicial, reitero, debe entrañar la garantía de los derechos fundamentales, y esa función, por naturaleza, les corresponde a los jueces de conocimiento.

Á. J.  Entonces, ¿hay que limitarla?
L. G. M.: Hay que revisar el conocimiento de las acciones de tutela por parte de las altas corporaciones y permitirles que sean ellas quienes controlen sus propias decisiones. Entre otras razones, porque están resolviendo muchos asuntos que no deberían conocer, los cuales, aunque son de suma importancia para los usuarios de la acción de tutela, resultan ser problemas jurídicos sencillos que pueden solucionar despachos judiciales de primera o segunda instancia.

jueves, 20 de febrero de 2014

ACOFADE: Reforma a la Justicia y Formación de Abogados (I)

Reforma a la justicia y formación de los abogados (I)
12 de Febrero 4:49 PM
Carlos Mario Molina Betancur
Director Ejecutivo Acofade

NTRODUCCION
Diversidad de Medellad de Medel lnstitucional
Para el presidente de la República, Juan Manuel Santos, llegó la hora de reformar la justicia en Colombia. El próximo mes de marzo, según anuncio del ministro de Justicia, Alfonso Gómez Méndez, se radicaría el proyecto de ley en el Congreso. Con estas declaraciones, se evidencia que la justicia, como una de las tres ramasa de las tres ramas más importantes del Poder Público, ha llegado a su límite de credibilidad.

Cinco razones explicarían este desgaste: escándalos constantes sobre el funcionamiento irregular de las altas cortes, magistrados involucrados en situaciones delicadas al momento de realizar elecciones de altos cargos, choque de trenes entre las altas cortes, grandes niveles de congestión y avance considerable de la justicia arbitral.

Niveles de corrupción
Esto confirma que, tal vez, Colombia está llegando a niveles de corrupción insostenibles, a pesar de que, desde hace mucho tiempo, pagar sobornos es un delito en el país, que puede llevar a condenas entre 6 y 12 años de cárcel, según el Código Penal, además de las sanciones disciplinarias y pecuniarias que trae el Estatuto Anticorrupción.

Así, se corroboran los resultados de una reciente encuesta realizada por el organismo Transparencia Internacional, la cual revela que más de la mitad de la población colombiana (56 %) cree que en los dos últimos años la corrupción en el sector público ha aumentado; buena parte de los encuestados (62 %) admite que la corrupción en el sector público es un problema grave; otros (66 %) consideran que son necesarios los contactos con funcionarios para agilizar los procesos o para obtener un servicio (39 %). Por su parte, un porcentaje de los encuestados (28 %) piensa que la corrupción es un verdadero “cáncer” que corroe las instituciones públicas. Aún más grave es que 6 de cada 10 personas cree que el Gobierno no ha ejecutado acciones eficientes para combatir ese mal.

Justicia, mal librada
De los encuestados, el 27 % reconoce haber pagado sobornos a la Policía y el 19 % lo ha hecho a operadores del sistema judicial, siendo esta una de las instituciones a la que más sobornos se le pagan. Llama la atención que el 10 % dijo que ha tenido que pagarlos para servicios relacionados con tierras.

La percepción sobre la corrupción en el país se mantiene. Estamos en el puesto 94 en el mundo, entre 177 naciones estudiadas, y en el puesto 18 en América Latina. En su orden, las instituciones más corruptas para la institución son, según los encuestados, las siguientes:

(i) El Congreso (40 %).
(ii) La Policía (39 %).
(iii) El sistema judicial (34%).

Todo lo anterior demuestra que el desgaste es considerable y que el Gobierno Nacional debe reaccionar y buscar una solución estructural que ponga fin a los desmanes en la justicia. Pero este tipo de reformas ya no se hacen unilateralmente desde arriba hacia abajo, sino desde la base hasta llegar al Congreso.

En este tipo de democracia constitucional, todas las representaciones posibles de la sociedad deben intervenir en la discusión y el aporte de soluciones. Así, debe consultarse con suficiente antelación, en mesas abiertas de diálogo y con transparencia política, a las universidades, los colegios de abogados, las asociaciones de juristas, las asociaciones de procesalistas, los centros de estudio de Derecho Procesal y Constitucional, la Asociación Colombiana de Facultades de Derecho (Acofade), los grupos de investigación, la Corporación Excelencia en la Justicia, las autoridades independientes, las autoridades indígenas, los jueces de paz, las cámaras de comercio y los centros de conciliación y arbitraje.

Una nueva oportunidad de cambio
Desde Acofade creemos que una adecuada reforma a la justicia debería comenzar por  revisar los contenidos de los programas de las facultades de Derecho, para saber, a ciencia cierta, si desde estos escenarios de formación se está haciendo lo necesario para la correcta formación de los abogados y el buen funcionamiento de la justicia que necesita nuestro país.

Para el efecto, lo primero que se debe realizar es un balance serio y actual sobre el tipo de abogados y jueces que estamos formando en Colombia desde 1991, así como lo está realizando actualmente el Ministerio de Justicia y Acofade, estableciendo ciertos lineamientos y orientaciones generales para los programas de formación en Derecho de las universidades públicas y privadas de todo el país.

El Ministerio de Educación, a quien corresponde el cambio de reglamentación, no ha establecido cuáles son las competencias mínimas que deben contener los nuevos programas de Derecho, pero, mientras tanto, podría fortalecer, con la Comisión Nacional de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (Conaces) y el Consejo Nacional de Acreditación, el programa de calidad con pertinencia, el cual ha venido calando en las universidades que han obtenido la acreditación de alta calidad educativa.

Esto es urgente, ya que el Plan de Nacional de Desarrollo vigente establece, en su artículo 10: “La política pública educativa del Gobierno Nacional contenida en el Plan Nacional de Desarrollo 2011-2014 deberá armonizarse con los propósitos y lineamientos del Plan Nacional Decenal de Educación 2006-2016”.

El mencionado Plan Decenal, que es un referente obligatorio de planeación para todas las instituciones educativas, estableció macro metas y metas dirigidas al fortalecimiento de la calidad de la educación, en todos sus niveles. Las mismas anticipan que, para el 2016, se debe rediseñar, fortalecer y contextualizar los currículos desde la educación inicial hasta la superior, para desarrollar, mediante programas flexibles y pertinentes, las capacidades de aprender a ser, aprender a aprender y aprender a hacer.

Esto con el fin de alcanzar, por medio del aprendizaje, las dimensiones científicas, técnicas, tecnológicas, humanistas y artísticas, así como las competencias generales y específicas que necesita desarrollar todo profesional en el futuro en un mundo altamente informatizado y globalizado.

Dado que la educación jurídica de nuestro país ha estado enmarcada dentro de un modelo tradicional teórico de cátedra magistral, las nuevas técnicas y tecnologías de aprendizaje desde el campo del saber no han sido todavía adoptadas como política educativa en la legislación que acompañó el Plan de Desarrollo que termina este año.

Por ello, la reforma a la justicia que se anuncia debería priorizar el cambio curricular de los programas de Derecho, para poder modificar las prácticas indeseables de abogados y jueces de nuestro país y, así, realizar un verdadero cambio en el accionar ético y responsable de los operadores del Derecho. Al menos, esto daría cumplimiento a lo que ordena el Plan Nacional Decenal, que se vence en el 2016, y sobre el cual la enseñanza y el aprendizaje del Derecho no han visto ninguna transformación.

domingo, 9 de febrero de 2014

Magistrados de altas cortes 'cocinan' su propia reforma de la justicia

Magistrados de altas cortes 'cocinan' su propia reforma de la justicia

9:02 p.m. | 04 de Febrero del 2014

Presentarán un texto con mecanismos como mayor agilidad en procesos y descongestión en despachos.

Poco después de que el ministro de Justicia, Alfonso Gómez Méndez, presentó a los integrantes de la comisión de alto nivel para reformar la justicia, las cortes anunciaron que empezarán a discutir su propio texto.
El 12 de febrero se reúne la Comisión Interinstitucional de la Rama Judicial para discutir los temas que deben ser incluidos en la reforma.
EL TIEMPO conoció que las cortes creen que se deben abordar temas que toquen al ciudadano en términos de agilidad de los procesos. Por eso,buscarán la adopción de medidas de descongestión de los despachos.
Igualmente, han llegado a consensos sobre la reforma de la tutela, que para algunos magistrados es un instrumento que se ha desnaturalizadoy por eso habría que regularla de manera que aplique cuando realmente se necesita.
El argumento es que la mayoría de los excesos se debe a las fallas en el cumplimiento de algunas funciones del Estado, casi siempre relacionadas con salud y pensiones.
Aunque los magistrados reconocen los problemas con la Judicatura, creen que este asunto no es reprochable a la justicia y les ‘pasan la pelota’ al Gobierno y a la conformación de la terna por parte del Presidente y a la elección en el Congreso, que la hace más política que técnica.
Las cortes parecen coincidir con el Minjusticia en el hecho de que estas corporaciones sean un punto de llegada y no de partida para tomar la carrera como un trampolín.
REDACCIÓN JUSTICIA eltiempo.com.co


Con la destitución de Petro resucitó la reforma de la justicia.

Redacción ELTIEMPO.COMRAFAEL QUINTERO CERÓN rafqui@eltiempo.com
Publicación eltiempo.com
Sección Justicia
Fecha de publicación 13 de diciembre de 2013
Autor: RAFAEL QUINTERO CERÓN

Con la destitución de Petro resucitó la reforma de la justicia

Expertos pidieron que se haga revisión a fondo de las competencias de los organismos de control.

Límites al poder de los organismos de control y un esquema claro para vigilar su actuación y evitar así más 'choques de trenes', es un tema urgente que el Gobierno deberá incluir en el proyecto de reforma de la Justicia que presentará el próximo año ante el Congreso de la República. Esa fue la posición que emitieron juristas y analistas consultados por ELTIEMPO.COM
Y fue el presidente Juan Manuel Santos quien lanzó esta semana el debate sobre el tema, en medio del fuerte cruce de declaraciones entre el Ministerio de Justicia, la Fiscalía y la Procuraduría, entre otros, tras la destitución e inhabilidad de 15 años impuesta por el ministerio público al alcalde de Bogotá, Gustavo Petro.
El miércoles, durante un foro realizado en Bogotá en el que incluso coincidió con el procurador Alejandro Ordóñez, Santos se refirió a “la necesidad de desbloquear el sistema que por controles mutuos dificulta las investigaciones contra o al interior de las altas cortes y de los organismos de control”.

Ese sería, ahora, el motor más fuerte para impulsar la reforma en el Congreso: La necesidad de ponerle contrapeso al enorme poder que actualmente ostenta la figura del Procurador General.
Pero esa posición no es sólo Santos. El fiscal general Eduardo Montealegre también hizo un llamado en ese mismo sentido al hacer énfasis en el caso de la Procuraduría: "No puede ser posible que el mismo funcionario abra la investigación, formula el pliego de cargos, realiza la audiencia, dicta la sentencia primera y la misma institución falla en segunda instancia", dijo Montealegre.
Recordó, además, que la Corte Interamericana de Derechos Humanos tiene "todo el poder para ordenarle a Colombia que haga reformas constitucionales y que ajuste nuestro texto constitucional a los principios y valores del sistema interamericano de derechos humanos".
El nudo de todo este asunto está en la falta de claridad frente a los límites y competencias de los organismos de control. Nadie sabe, actualmente, quién ronda a quién. Por eso cada organismo de control interpreta las normas de acuerdo a su entender y basado en criterios puramente subjetivos, según opinó el ex viceministro de Justicia, Guillermo Reyes.
"En este país tenemos una gravísima defecto: el de legislar según las coyunturas. Cuando yo estaba en el Ministerio, parecía que la política criminal del estado se construyera día tras día", dijo Reyes.
Sobre ese mismo vacío también llamó la atención el exmagistrado y constitucionalista José Gregorio Hernández, quien aseguró que el país se encuentra en una crisis de administración de Justicia y es el ciudadano el que termina confundido en medio de tantas peleas.
"Se ha generado en Colombia, en los últimos años, un verdadero caos en la interpretación de las normas. Ya no hay el rigor para decidir las facultades de cada uno, sino que todos se consideran habilitados para interpretar por su cuenta su función como instituciones. Sin duda el enfrentamiento entre las cabezas deja perplejos a todos los funcionarios y a la población, que ya no saben qué creer de quienes dirigen la cosa pública. Estamos en una torre de Babel, necesitamos regresar al rigor en lo jurídico", consideró Hernández.

Un ejemplo de ese 'caos' en la administración de Justicia y en los problemas de interpretación fue, en concepto del ex fiscal Alfonso Valdivieso Sarmiento, el sucedido el miércoles cuando la Fiscalía anunció que haría una inspección en la Procuraduría.

"No hay actualmente mecanismos de coordinación y de cooperación cuando se trata de hechos como el que sucedió entre la Fiscalía y la Procuraduría y que terminó en una interpretación absurda sobre una posible acción contra Alejandro Ordóñez, cuando en realidad se trataba de pedir un documento. Ese tipo de cosas se pueden evitar si se dejan claras las competencias de cada uno", señaló Valdivieso.
¿Qué se ha planteado en la reforma?
Estos temas, sin embargo, no estaban del todo contemplados en la reforma de la justicia que tiene pensada el Gobierno y cuyo anteproyecto estaría listo en marzo del próximo año. Según ha explicado el ministro de Justicia Alfonso Gómez Méndez, se tendrán en cuenta aspectos que ya estaban en la anterior reforma, hundida por múltiples vicios.
"Había un consenso sobre la eliminación de la Judicatura, que alcanzó a quedar en la fallida reforma; eliminación de las funciones electorales a las cortes, aumentar la edad de retiro –tanto para el ingreso como para el retiro forzoso de los magistrados– y modificar las funciones de la Comisión de Acusación", le dijo Gómez Méndez a EL TIEMPO en octubre de este año.
Sin embargo, los expertos consultados aseguraron que es urgente incluir los límites a los organismos de control. "Vale la pena emprender un estudio a fondo de cómo debería estar estructurada la administración de justicia para evitar enfrentamientos como los que se han visto en los últimos años. Lo ideal es que se trate de algo serio, a fondo, consultado con expertos", dijo José Gregorio Hernández.
El exviceministro Reyes, a su turno, consideró como "un reto adicional" para el Gobierno lograr la modificación las funciones, no sólo del Procurador, sino de la Fiscalía y la Contraloría. "Estos temas son urgentes, pero me preocupan las coyunturas. El próximo año será electoral y seguramente esta iniciativa sufrirá demoras en el Congreso. A eso sumemos que la composición de las fuerzas políticas en el legislativo cambiará y no sabemos qué tanto margen de maniobra tendrá el Ejecutivo", señaló.
Por lo pronto, y más en medio de la tormenta desatada tras la destitución de Petro, queda claro que reformar la Justicia será una de las prioridades que tendrá el Gobierno de cara a la agenda legislativa del 2014. Y el presidente Santos, esta semana, fue enfático en que la sacará adelante a como de lugar: "Es al Gobierno al que le corresponde tomar las decisiones políticas cuando el consenso no es posible o conveniente (...) no permitiremos que cualquier próxima eventual reforma muera ‘por mal de consenso’”.


Presidente Santos y Procurador Ordoñez coinciden en foro sobre reforma de la Justicia.

Publicación eltiempo.com
Sección Política
Fecha de publicación 11 de diciembre de 2013
Autor: REDACCIÓN POLÍTICA
Presidente y Procurador coinciden en foro sobre reforma de la justicia
En el evento se hablará sobre las sanciones a los altos servidores del Estado.
El Salón Elíptico del Capitolio es el escenario este miércoles del foro sobre la reforma de la justicia, la cual se ha hablado que se presentaría a consideración del Congreso en marzo del próximo año.
Al foro asisten el presidente Juan Manuel Santos y el procurador General, Alejandro Ordóñez, al igual que los presidentes de las altas cortes.
Hace dos días Ordóñez destituyó e inhabilitó por 15 años al alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, quien ha encabezado manifestaciones en la Plaza de Bolívar para expresar su rechazo a esa decisión.
Se espera que en uno de los páneles del foro sobre la reforma de la justicia, el ministro de la rama, Alfonso Gómez Méndez, presente una ponencia sobre la forma en que se debe disciplinar a los altos servidores del Estado.
En el comienzo del foro, el presidente del Congreso, Juan Fernando Cristo, resaltó la importancia de hacer un nuevo intento por reformar la administración de justicia en Colombia.
“Sí podemos una reforma de la justicia en Colombia y lo podemos hacer bien”, dijo Cristo.
Cristo agregó que la convocatoria de hoy “demuestra el interés” de presentar una nueva reforma de la justicia “que les sirva a los colombianos”.
Se refirió al fallido intento de modificación en esa rama que se realizó en 2012 y dijo que hay “algunos puntos” de esa enmienda constitucional que se pueden rescatar.
“Espero que del foro de este miércoles salgan puntos muy importantes para una reforma a la justicia que les sirva a los colombianos”, afirmó el Presidente del Senado.
El presidente de la Cámara, Hernán Penagos, también se refirió a la hundida reforma de la justicia y dijo que “no puede pensarse” que por los hechos fallidos del pasado los colombianos no “reclamen” una reforma de la justicia.
“Que de manera juiciosa entre todos podamos construir los cambios en la reforma de la justicia que todos reclamamos”, dijo.
En igual sentido se pronunció la presidenta de la Corte Suprema de Justicia, Ruth Marina Díaz, quien recordó que estos intentos se han hecho desde la presidencia de Alfonso López Michelsen, en 1974.
“La Corte Suprema considera que la reforma solo es concebible como una plataforma que termine de sentar las bases de un poder judicial autónomo e independiente, tan sólido y consistente como los demás”, afirmó la magistrada.
También llamó la atención sobre la importancia de los recursos destinados a la rama y al papel que cumplirá este poder en la implementación de los posibles acuerdos entre el Gobierno y las Farc, en La Habana.
REDACCIÓN POLÍTICA