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domingo, 14 de septiembre de 2014

Vuelve y juega la reforma a la Justicia. semana.com

Vuelve y juega la reforma a la Justicia.
semana.com 13-09-2014

La ley de equilibrio de poderes es también un profundo revolcón a la Rama Judicial. Estos son los puntos más importantes.

Para impulsar su ley de equilibrio de poderes, el presidente Santos visitó hace unos días el Consejo de Estado. La semana pasada estuvo en la Corte Constitucional y en la Corte Suprema.

No es casualidad que para la aprobación de su reforma de equilibrio de poderes el presidente haya visitado las altas cortes. Lo mismo había hecho en su primer mandato. “Hace cuatro años, cuando me posesioné, lo primero que hice fue visitar el Palacio de Justicia”, le dijo el presidente a los magistrados. No es para menos. Santos sabe que la principal reforma que tiene planeada para su segundo tiempo no se puede aprobar sin ellos. 

Si algún mensaje quedó claro después del escándalo de la reforma a la Justicia de hace dos años es que los magistrados tienen mucho poder y que no tienen miedo de usarlo. Muchos de los micos que hicieron que el presidente hundiera su propia reforma se le atribuyen a la presión de la rama judicial que no quería perder sus privilegios. Por eso, el presidente Santos les dijo que es “necesario que el poder limite al poder”. 


Además de eliminar la reelección presidencial, que ha sido el punto más debatido de la ley de equilibrio de poderes, lo que plantea el gobierno es un verdadero revolcón a la Justicia. Muchos puntos prometen levantar ampolla. Estas son las principales propuestas: 

1. No a la reelección
No solo el presidente tendría prohibido reelegirse, sino también todos los servidores públicos elegidos por corporaciones u organismos colegiados. El ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, ha dicho que la figura de la “reelección es ajena a la tradición colombiana y genera muchos inconvenientes”. 

2. ¿Quién elige al Procurador?
El proyecto inicial del gobierno planteaba que el procurador fuera elegido por el Senado de una terna del presidente. La propuesta cayó muy mal en el Congreso y el mismo Alejandro Ordóñez criticó que el gobierno quisiera que el jefe del ministerio público fuera “un ministro más”. El senador Armando Benedetti, coordinador de ponentes de la ley, anunció que se iba a eliminar esa propuesta y que en lugar de eso el procurador sería elegido por un concurso de méritos. 

3. Tribunal para los aforados
La eliminación de la Comisión de Acusaciones promete ser la manzana de la discordia de esta reforma. El gobierno propone que exista un tribunal de aforados encargado de investigar a los magistrados, al procurador, al contralor y al fiscal. Como dijo el ministro Cristo la razón para eliminar la comisión es que “no funciona”. En más de 20 años no ha logrado sancionar a nadie, por lo cual esos altos cargos prácticamente gozan de impunidad total. El presidente de la Corte Suprema, Luis Gabriel Miranda, rechazó al nuevo tribunal y propuso que a los magistrados se les juzgue como al presidente de la República (en los que la Cámara acusa y el Senado decide). Senadoras como Claudia López y Paloma Valencia rechazaron la propuesta de Miranda. 

4. No más magistrados Bon Bril.
La reforma soluciona uno de los principales factores de disputa en las altas cortes: la edad de retiro forzoso. Se aumentaría de 65 a 70 años. Lo que sucede en la actualidad es que se cree que como una norma de 1979 estableció el límite de los 65 años, esta edad solo aplica para las cortes que existían  antes de la Constitución de 1991, es decir la Corte Suprema y el Consejo de Estado. Por lo tanto, en la práctica los únicos magistrados que pueden estar más allá de  esa edad son los de la Corte Constitucional y el Consejo Superior de la Judicatura. Esa desigualdad había creado conflictos entre los magistrados y fue uno de los puntos que detonaron el escándalo de la pasada reforma a la Justicia. 

5. Fin a la puerta giratoria
La reforma le daría un revolcón a la manera de nombrar los altos cargos de la Justicia. La Corte Suprema y el Consejo de Estado elegirían a sus magistrados por el sistema de cooptación. Actualmente son elegidos por listas que envía el Consejo Superior de la Judicatura. También se dobla el requisito de experiencia de diez a 20 años. Pero el mayor cambio se daría con la prohibición de que los magistrados salten de una corte a otra, una práctica que ha sido habitual en la Justicia desde hace décadas. La nueva norma también prohíbe a los magistrados aspirar a cargos como fiscal, procurador y contralor dentro del año siguiente a su retiro.

6. No al "Yo te eligo, tú me eliges".
La reforma eliminaría la práctica de los magistrados y los jefes de organismos de control de designarse entre sí y nombrarse mutuamente entre sus familiares. El texto propuesto señala que nadie podrá “nombrar o postular a las personas que hayan intervenido en su designación, ni a personas vinculadas con estas por lazos de parentesco”.  La reforma acoge la tesis del Consejo de Estado que declaró la nulidad de la elección del magistrado del Consejo Superior de la Judicatura Francisco Ricaurte. Las cortes también perderían función nominativa, es decir que ya no participarán en la elección de contralor ni procurador. Eso tiene tanto de bueno como de malo. Por un lado, le quita a la Justicia su brazo más político el cual había hecho que perdieran independencia. Por el otro, le entrega los órganos de control a los políticos. 

7. Adiós al Consejo Superior de la Judicatura
La corte más criticada de la Justicia no sobrevive a esta reforma. Se crearía en su reemplazo un ‘sistema nacional de gobierno y administración judicial’. Estaría compuesta por un director y dos salas. La primera estaría conformada por los presidentes de las cortes y delegados de la rama judicial. El ministro de Justicia y el fiscal participarían con voz, pero sin voto. La segunda se encargaría de la gerencia de la rama y allí también tendrían presencia las tres altas cortes. La eliminación del Consejo Superior de la Judicatura es percibida como muy positiva pues se había convertido en un organismo muy politizado y lleno de escándalos. Es la corte del magistrado Henry Villaraga y del carrusel de las pensiones.

8. ¿Otro orangután?
Dos puntos han sido calificados como micos. El primero es que los congresistas puedan ser nombrados en ministerios, algo que estaba prohibido. El gobierno asegura que con esto “se pretende darles movilidad laboral”,  pero la norma puede crear una peligrosa puerta giratoria entre el Capitolio y el Palacio de Nariño. El segundo es la prohibición de investigar disciplinariamente a los funcionarios que tienen investigaciones penales. Esto significaría una perdida de poder para el procurador. La propuesta ha caído mal, pero tiene una justificación y, de hecho, así es en países como Alemania. Lo que busca es prevenir que existan fallos contradictorios. Por ejemplo, casos en que los funcionarios son absueltos por la Fiscalía, pero sancionados con inhabilidades de 20 años, o al revés. Esa es una tesis que ha defendido como jurista Yesid Reyes, incluso antes de que fuera ministro. 


lunes, 8 de septiembre de 2014

Empieza discusión de reforma al Estado con altas cortes. Gobierno y Cortes se reunirán esta semana.

Empieza discusión de reforma al Estado con altas cortes
Gobierno y Cortes se reunirán esta semana.
Por:  JUSTICIA  | eltiempo.com
11:11 a.m. | 8 de septiembre de 2014
Esta semana empezará la discusión entre el Gobierno Nacional y las altas cortes sobre el proyecto de ley de reforma al Estado que busca el equilibrio de los poderes.
De acuerdo con el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, hay un buen ambiente entre las cortes alrededor de la iniciativa ya que el Gobierno ha venido aumentando el presupuesto para la justicia.
"Queremos sentarnos con la Rama Judicial para revisar qué más se puede hacer, especialmente en materia de presupuesto para la descongestión y para la modernización tecnológica", dijo.
Cristo dijo que la semana pasada se reunió para hablar del tema con el ministro de Justicia y que lo propio hará esta semana con los magistrados de las cortes "para que participen activamente en un debate franco abierto y tranquilo alrededor del proyecto".
A su turno, la presidenta del Consejo de Estado, María Claudia Rojas dijo que, aunque esperará la discusión en Sala Plena de esta iniciativa, considera que "como reforma a la justicia, quedó corta".
"Tendríamos que analizarla en detalle, pero si uno escucha al Ministro de Justicia cuando habla que hay que acercar la justicia al ciudadano, en principio pensaría que necesitamos otro tipo de reformas", declaró.
Rojas explicó que la razón por la que el presidente Juan Manuel Santos no llevó el pasado jueves el proyecto de ley ante el Consejo de Estado, como sí lo hizo ante la Corte Constitucional y ante la Corte Suprema, se debe a que tiene programado socializarlo el próximo miércoles durante un acto para conmemorar los 100 años del Consejo de Estado.

El proyectos de ley tendrá su primera audiencia pública este miércoles en la comisión primera del Senado. Sin embargo, hay puntos del articulado que no han caído muy bien entre los magistrados, como la creación de un tribunal de aforados.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Un 'supertribunal' y otros secretos en la reforma del Estado. El proyecto presentado por el Gobierno crea tribunal para cortes, Fiscal, Procurador y Contralor.

Un 'supertribunal' y otros secretos en la reforma del Estado
El proyecto presentado por el Gobierno crea tribunal para cortes, Fiscal, Procurador y Contralor.
Por:  POLÍTICA | eltiempo.com
10:19 p.m. | 3 de septiembre de 2014

El presidente Juan Manuel Santos durante la reunión con los magistrados de la Corte Constitucional, donde pidió apoyo para el proyecto de reforma.

La reforma del Estado que radicó el miércoles el Gobierno en el Capitolio incluyó temas que prometen debate. Pero quizás el más polémico parece ser ya la creación del Tribunal de Aforados, que comenzó a despertar inquietudes en las altas cortes.
Según supo EL TIEMPO, a los magistrados les preocupa la existencia de un ‘supertribunal’ que esté por encima de todas las cortes.
El Tribunal de Aforados se encargaría de adelantar los procesos penales, disciplinarios y fiscales contra el Fiscal y los magistrados de las altas cortes –función que hoy cumple la Comisión de Acusación de la Cámara–, pero, además, los procesos contra el Procurador y el Contralor.
Estaría conformado por siete miembros, quienes deben cumplir con las condiciones requeridas para ser magistrados de la Corte Suprema de Justicia, tendrán periodos de 8 años y no podrán aspirar a otros tribunales al terminar su gestión. Serán elegidos por el Congreso que, a su vez, será la corporación encargada de investigarlos.
Así las cosas, se elimina la Comisión de Acusación, una de las corporaciones consideradas ineficientes, pero se le deja al Legislativo la facultad de procesar al presidente de la República y, por supuesto, a los 7 miembros del Tribunal de Aforados.

Presidente para cuatro años
Si bien el espíritu de la iniciativa es recuperar el equilibrio de poderes y comienza por eliminar todas las reelecciones, incluida la del presidente de la República, el Gobierno no logró un consenso para ampliar los periodos a 5 años, por lo que se quedó con la figura de 4 años, que rige actualmente.
Por otro lado, el proyecto de reforma del Estado le quitaría la facultad al Procurador para disciplinar congresistas. El principal argumento es que los congresistas tienen hoy dos instancias disciplinarias, una en el Ministerio Público y otra en el Consejo de Estado con la pérdida de investidura.

EL TIEMPO supo que la Fiscalía, con el apoyo del Congreso y del Gobierno, está trabajando en otro proyecto para establecer la doble instancia en el juzgamiento de congresistas y, además, para regular las investigaciones disciplinarias que, al salir de la órbita de la Procuraduría, necesariamente pasan a las altas cortes.

Algo nuevo en esta reforma constitucional, que deberá surtir sus primeros 4 debates antes del 16 de diciembre para que no fracase, es el levantamiento de inhabilidades para que los congresistas puedan ocupar otros cargos públicos, como el de ministro, embajador o, incluso, lanzarse a alcaldías y gobernaciones. Esto, por supuesto, renunciando a su curul y con la prohibición de regresar al Capitolio.
“Se pretende con esto otorgar alternativas de movilidad a los congresistas, para evitar que una vez elegidos en esta calidad se vean abocados a permanecer en la Rama Legislativa por extensos periodos, y puedan ser parte del Gobierno, o formar parte del ejercicio político regional. El Gobierno considera que esta reforma promoverá positivamente el dinamismo de los liderazgos”, dice la exposición de motivos de la iniciativa.
Este aspecto de la reforma, de acuerdo con el Ejecutivo, cuenta con un amplio respaldo en el Capitolio, incluidos sectores independientes, como la Alianza Verde, y de oposición, como el Polo Democrático.
Cambian elecciones
El proyecto de reforma del Estado, que hizo público el presidente Juan Manuel Santos y que impulsó el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, no solo prohíbe expresamente la reelección del Procurador, sino que modifica su elección. Ahora la terna para su escogencia la construirá el Presidente, y el Congreso en pleno votará por alguno de los candidatos.
La elección del Contralor también se modificó. Si bien la facultad de elegirlo seguirá en manos del Congreso, los candidatos ya no saldrán de una terna de las altas cortes, sino que tendrán que surgir de un concurso público de méritos que coordinará el Legislativo.
A este organismo fiscalizador se le reducen algunas funciones, como la posibilidad de emitir controles de advertencia.
Otros avances importantes en este proyecto son la imposición del castigo de la silla vacía, que se traduce en que el partido sancionado pierde la curul en caso de congresistas hallados culpables de delitos relacionados con la corrupción.
También se prohíbe la puerta giratoria entre los magistrados de las altas cortes, se acaba el Consejo Superior de la Judicatura y, entre otros aspectos, se elimina el voto preferente.
“De enmienda en enmienda terminaron afectándose los equilibrios previstos en la Constitución del 91”, precisó Santos, quien enfatizó que la eliminación de la reelección, base de esta reforma, “es la puerta de entrada al restablecimiento del equilibrio de poderes”.
Magistrados, preocupados por creación de ‘supercorte’
Hacia las 3:15 de la tarde del miércoles, el presidente Juan Manuel Santos, con los ministros de Justicia, Yesid Reyes; y de Presidencia, Néstor Humberto Martínez; llegó a la Sala Plena de la Corte Constitucional.
Los nueve magistrados esperaban la visita del alto mandatario, quien les entregó el texto del proyecto de ley de reforma del Estado, que horas antes había sido radicado en el Congreso. Del mismo, solo conocían los puntos que habían sido esbozados el pasado lunes por el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, en un encuentro con los presientes de las cuatro altas cortes.
Así que, más que leer el texto, el mandatario y sus ministros se dedicaron, los 45 minutos que duró el encuentro, a realizar una exposición oral del proyecto y a resolver las dudas de los magistrados.
“Los poderes públicos deben guardar su independencia, pero trabajar en armonía. Tenemos unos desafíos por delante muy grandes. Desafíos que tienen que ver con esa visión de país que hemos expuesto, un país en paz”, dijo Santos.
Luego fue el turno para la Sala Plena de la Corte Suprema de Justicia que, a las 4 de la tarde recibió a la comitiva presidencial para repetir el ejercicio de exponer los lineamientos generales de la reforma.
El presidente de esta Corte, Juan Gabriel Miranda, anunció que dedicará las próximas sesiones de la Sala Plena para analizar el proyecto.
Fuentes cercanas a estos dos altos tribunales –el texto hasta ahora no ha sido socializado ni con el Consejo de Estado ni con el Consejo Superior de la Judicatura– dicen que entre los magistrados hay preocupación y dudas sobre el nuevo Tribunal de Aforados.
Este es el órgano independiente de 7 miembros que, de ser aprobado el proyecto, sería facultado para “investigar y juzgar la conducta de los magistrados de la Corte Constitucional, de la Corte Suprema de Justicia, del Consejo de Estado, del Procurador General, del Contralor General de la República y del Fiscal General, aunque hubieren cesado en el ejercicio de sus cargos”.
La preocupación, según conoció EL TIEMPO, tiene que ver específicamente con que haya un “supertribunal” por encima de todos.
Temas claves
Fin de reelecciones
La columna vertebral de esta reforma es la eliminación de la reelección presidencial y la de otros funcionarios públicos. “Se establece que en todos los cargos públicos sujetos a periodo fijo, quienes resulten elegidos o designados no podrán ser reelegidos para el periodo siguiente”, señala el proyecto. Esto, se extiende a instituciones como la Procuraduría y la Contraloría.
El ‘supertribunal’
La eliminación de la Comisión de Acusación de la Cámara le dará paso a un Tribunal de Aforados, que se encargará de adelantar los procesos contra el Fiscal, el Procurador, el Contralor y los magistrados de las altas cortes. Todo caso penal, fiscal o disciplinario relacionado con estos cargos lo adelantará esta instancia.
Lo conformarán 7 miembros.
Reglas para cortes
Los magistrados no podrán saltar de una corte a otra luego de terminar el periodo de 8 años para el que son elegidos. Para la elección de los togados de la Corte Suprema y del Consejo de Estado se volverá al sistema de cooptación (eligen directamente a sus reemplazos). Se elimina el Consejo Superior de la Judicatura y habrá un consejo de administración del poder judicial.
Sin voto preferente
En materia electoral, se acaban las listas abiertas para las corporaciones públicas, lo cual es el final del voto preferente. El 80 por ciento del Senado será elegido por circunscripción nacional y los departamentos de menos de 500.000 habitantes elegirán por lo menos un senador. Además, el que quede de segundo en las presidenciales tendrá derecho a una curul.
POLÍTICA eltiempo.com

“Reforma devolverá el equilibrio concebido por la Constitución de 1991”: Minjusticia

3 SEP 2014 - 8:17 PM
“Reforma devolverá el equilibrio concebido por la Constitución de 1991”: Minjusticia
El jefe de la cartera aseguró que no va haber una gran reforma a la justicia.
Por: Redacción Política elespectador.com

El ministro de Justicia, Yesid Reyes, aseguró que el Gobierno Nacional se la juega por la transformación del Consejo Superior de la Judicatura, la eliminación de la reelección, de la “puerta giratoria” en las altas cortes, y por la reincorporación de la figura de la “silla vacía”, en la Reforma de Equilibrio de Poderes radicada este miércoles en la Secretaría del Senado.
El objetivo de esta reforma, como su nombre lo dice, busca volver a un equilibrio de poderes como el que estaba concebido en la Constitución de 1991 y que por reformas que se han venido presentando en los últimos años se ha descompensado un poco”, señaló el jefe de la cartera de Justicia.
Y agregó que “esta es la propuesta por la que se ha trabajado conjuntamente con los sectores políticos, pero el Gobierno está abierto a la posibilidad del debate sobre la misma”.
Según Reyes sobre el futuro del Consejo Superior de la Judicatura, el proyecto modificará la administración de recursos y la función disciplinaria, “se va a reestructurar totalmente el Consejo Superior de la Judicatura, el tema no es de cambiar el nombre sino de reestructurar las funciones del ente encargado de la justicia”.
No va haber una gran reforma a la justicia, lo que vamos a tener son varios proyectos puntuales de ajuste de la administración de justicia para solucionar problemas concretos”, puntualizó.
La reforma radicada hoy en el Senado incluye además la eliminación de la reelección presidencial y de los altos funcionarios del Estado, suprime el sistema de listas convoto preferente para la elección de corporaciones públicas y establece circunscripciones regionales de Senado para los departamentos de menos de 500.000 habitantes.


viernes, 22 de agosto de 2014

Claves del proyecto de Reforma a la Justicia. Ministerio de Justicia y del Derecho.

Claves del proyecto de Reforma a la Justicia.
Ministerio de Justicia y del Derecho.

El ministro de justicia y del derecho, Alfonso Gómez Méndez, hizo entrega formal hoy al presidente de la República, Juan Manuel Santos, del proyecto de reforma a la justicia que preparó su despacho con base en el trabajo desarrollado en los últimos meses por una comisión asesora de alto nivel.

La comisión asesora estuvo integrada por el ex ministro Bernardo Gaitán Mahecha, el ex fiscal general Guillermo Mendoza Diago, el ex vicefiscal y ex presidente de la Corte Constitucional Jaime Córdoba Triviño, el ex presidente de la Corte Constitucional Augusto Ibáñez y el ex constituyente Gustavo Zafra Roldán.

Los puntos centrales del proyecto entregado al Presidente son los
siguientes:

1. Justicia, derecho fundamental. La reforma busca convertir el acceso a la justicia en un derecho de carácter fundamental. Eso permitirá que las personas acudan a la acción de tutela como mecanismo para defender el acceso a la justicia. De esa forma, se le imprime a toda la administración de justicia la rapidez que aplica cuando resuelve acciones de tutela.

2. Cambios en tutela. En materia de tutela, el proyecto tiene varios objetivos.
Primero, busca crear jueces y magistrados que especialicen en resolver tutelas. Antes de que dicten sentencia, los jueces y magistrados tendrán que evaluar si su decisión vulnera algún derecho fundamental de alguno de los sujetos procesales. Si omiten ese requisito, esto implicaría nulidad de la sentencia. Por otro lado, se dispone que la acción de tutela no procede contra sentencias de tutela de constitucionalidad dictadas por la Corte Constitucional, ni contra fallos de nulidad por constitucionalidad emitidos por el Consejo de Estado. En el caso de tutelas contra fallos judiciales, estas deben ser interpuestas por un abogado. Además, se dispone que las tutelas que se tramiten en las altas cortes serán tramitadas por una sala o sección diferente a la que emitió el primer fallo. La decisión de esas cortes será enviada a la Corte Constitucional para que sea eventualmente revisada. Si es seleccionada, deberá resolverse en Sala Plena. Se establece, además, que las tutelas contra sentencias no se podrán interponer después de cuatro meses de haberse proferido el fallo.

3. Se acaba la Judicatura. El proyecto elimina el Consejo Superior de la Judicatura. En su reemplazo habrá un Tribunal Disciplinario de nueve magistrados y una Junta de Gestión de la Administración Judicial. El Tribunal asumirá las investigaciones disciplinarias de magistrados, Fiscal General y abogados. La primera elección de sus miembros se hará de la siguiente manera: tres por el Presidente de la Corte Constitucional, tres por el Presidente de la Corte Suprema de Justicia y tres por el Presidente del Consejo de Estado. Para conformar el nuevo Tribunal Disciplinario se podrían admitir exmagistrados de la Corte Constitucional, de la Corte Suprema o del Consejo de Estado. El Tribunal Disciplinario no conocerá de acciones de tutela.

La Junta de Gestión de la Administración Judicial tendrá representantes de todas las cortes. Habrá un Gerente de la Administración Judicial, que será un profesional con título de Maestría en Ciencias Administrativas, Económicas o Financieras y tener, como mínimo, veinte años de experiencia profesional, de los cuales diez, al menos, deben corresponder al sector público.

4. Se prohíben reelecciones. El proyecto prohíbe la reelección de todas las cabezas de los organismos de control, así como del Fiscal General e la Nación. El proyecto incluye entre las prohibiciones la reelección del Procurador General, que no estaba consagrada de manera explícita en la Constitución Política.

5. Cortes sin funciones electorales. Con el propósito de que las altas cortes se concentren en administrar justicia, se les quitan sus funciones electorales.

6. Cambios en elección de órganos de control y Fiscal General. En cuanto a la elección de altos cargos de órganos de control y del Fiscal General, el proyecto plantea algunos cambios. En el caso del Fiscal General, este será designado por el Presidente de la República de una lista de seis candidatos postulados por la Corte Suprema de Justicia. El Procurador será elegido por el Senado de una terna enviada por el Presidente de la República y la postulación y elección del Contralor pasa a ser competencia de la Cámara de Representantes.

7. Aumento de requisitos para ser magistrado. El proyecto sube de 10 a 20 años la experiencia mínima para los magistrados de altas cortes, que seguirán con períodos de ocho años. Al mismo tiempo, se aumenta la edad de retiro de los magistrados a los 70 años. Luego de dejar sus cargos, los magistrados no podrán formar parte de otra Corte.

8. Fin a la puerta giratoria. El Gobierno no podrá elegir, postular o nominar para cualquier cargo a un magistrado en ejercicio. Éste sólo podrá aceptar un cargo en esas condiciones después de dos años de su retiro. La reforma prohíbe que los servidores públicos o sus reemplazos transitorios postulen, nombren o elijan como empelados a quienes hayan intervenido en su elección o sus parientes.

9. Magistrados por concurso. El proyecto cambia el sistema de elección de los magistrados. El proceso será por “concurso público de méritos”, que debe hacer cada corporación. Hoy, las listas de elegibles las elabora la Sala Administrativa de la Judicatura, que desaparecerá.

10. Se mantiene intacta Corte Constitucional. Los magistrados de la Corte Constitucional seguirán siendo elegidos por el Congreso de la República, de ternas que integrarán el Presidente de la República, la Corte Suprema y el Consejo de Estado.

11.Nace Comisión de Aforados. La Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes se transformará en la Comisión para Aforados Constitucionales. El nuevo organismo también estará integrado por representantes a la Cámara que sean abogados penalistas. El Senado podrá conocer de las acusaciones en materia penal contra el Presidente, el fiscal o los magistrados de las altas cortes, cuyos casos sean llevados por la Cámara.

12. Doble instancia para congresistas. La suspensión de las funciones de los congresistas y la pérdida de investidura tendrán doble instancia. El trámite podrá tardarse como máximo cuarenta días, contados a partir de la fecha de la solicitud.

13.Funcionarios administrativos y justicia. La reforma autoriza, de manera excepcional, que la ley atribuya funciones jurisdiccionales en materias precisas a determinadas autoridades administrativas. Sin embargo, no podrán juzgar conductas definidas por la ley como delitos. Se abren las puertas para que la ley establezca el juzgamiento de las contravenciones mediante procedimientos breves y orales, por autoridades administrativas de policía del orden Nacional, Departamental, Municipal o Distrital.

14. Jueces en todos los municipios. La reforma establece que en cada municipio habrá al menos un juez, cualquiera que sea su categoría y competencia. La reforma establece que durante los primeros seis años de su vigencia se destinen por lo menos dos billones de pesos adicionales para la Rama Judicial, para la ejecución de planes de descongestión en todas las jurisdicciones; a la implementación de los procedimientos orales y por audiencias; al uso, acceso y dotación de tecnologías de la información y las comunicaciones; y a la inversión en infraestructura que garantice la adecuada atención de los ciudadanos y la eficiente tramitación de los procesos.


15.Pérdida de investidura de Congresistas. Se establece en el Consejo de Estado la doble instancia para la pérdida de investidura de los congresistas y se agrega una nueva causal de pérdida de investidura: la inasistencia, en un mismo período de sesiones, a seis reuniones plenarias en las que se voten proyectos de acto legislativo, de ley o mociones de censura.

El ministro Yesid Reyes habló sobre el proyecto para reformar el sector y la problemática carcelaria, entre otros. Caracol radio

Buscaré una justicia confiable, expedita y de fácil acceso: Minjusticia. Entrevista en Caracol Radio hoy por hoy 6:ooa.m., viernes 22 de agosto de 2.014.

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domingo, 17 de agosto de 2014

'La justicia puede ser efectista o eficiente': La entrevista de Cecilia Orozco. elespectador.com

LA ENTREVISTA DE CECILIA OROZCO 16 AGO 2014 - 9:00 PM
'La justicia puede ser efectista o eficiente'
Yesid Reyes, recientemente nombrado ministro de Justicia, comenta con tacto las diferencias entre su antecesor y el fiscal general, el choque de intereses que podría presentarse en una reforma a las cortes, la prioridad que le dará a una administración judicial más ágil y la necesidad de entender que el concepto de justicia es más amplio que el de pagar penas en prisión.
Por: Cecilia Orozco Tascón elespectador.com

Nadie fue a la cárcel por la muerte de mi padre (magistrado Alfonso Reyes, muerto durante la retoma del Palacio de Justicia). Y, sin embargo, se hizo justicia”: Dice Yesid Reyes. / Cristian Garavito - El Espectador

Su nombramiento fue bien recibido por todos, pero ocurrió en mitad de una confrontación del fiscal general con su antecesor, Alfonso Gómez Méndez, cuyo retiro se precipitó, al parecer, por esa circunstancia. ¿Está incómodo con la situación por ser amigo cercano tanto del uno como del otro?
La única referencia que tengo sobre los motivos para designarme como ministro es el generoso ofrecimiento que me hizo el presidente, el cual agradezco y recibí como un honor. Respecto al fiscal Montealegre y a Alfonso Gómez Méndez, no tengo ningún comentario distinto a decirle que es cierto que soy buen amigo de ambos: conozco a Alfonso Gómez desde cuando yo tenía 6 o 7 años, es decir, hace 50 años, y a Eduardo Montealegre, desde hace unos 35.

¿Por qué conoció a Gómez Méndez siendo tan niño?
Porque él era un joven estudioso e inquieto que vivía, como muchos colombianos, en zona rural. Su sueño era ser abogado y en su pueblo (Chaparral, Tolima) oyó que había una persona oriunda de ahí graduada en derecho, que trabajaba en una universidad muy conocida en Bogotá. Decidió viajar a buscarla para que le ayudara a ingresar al Externado. Se trataba de mi padre, que lo apoyó de inmediato.

¿Sucedió cuando su papá (Alfonso Reyes, presidente de la Corte Suprema) era magistrado?
No. Él fue magistrado al final de su vida. El encuentro con Alfonso ocurrió mucho antes, cuando mi padre era profesor de derecho penal. En medio de la conversación sobre sus estudios, él le preguntó a Alfonso si tenía dónde hospedarse. Cuando dijo que no, le ofreció quedarse con nosotros mientras se organizaba. Después de un tiempo se fue, pero, entonces, también pasaba muchos fines de semana con la familia.

¿Dónde y por qué conoció a Eduardo Montealegre?
También tiene que ver con el Externado: fuimos compañeros durante los cinco años de la carrera. En 1983 coincidimos en un viaje a Europa. Queríamos saber cómo funcionaba el derecho penal en distintos países. Estuvimos estudiando en España y en Italia durante seis meses. Después él se quedó en España y yo me fui a Alemania, otros seis meses. A comienzos de los 90 volví a ese país porque gané una beca de investigación en la Fundación Humboldt. Estando allá conversé con Montealegre sobre mi experiencia. Se interesó y optó por esa beca. Llegó a Alemania justo en los días en que yo estaba terminando mi estancia allá. Así que hemos estado en contacto en varios momentos de la vida.

Se ha dicho que parte de las diferencias entre el exministro y el fiscal tienen que ver con sus diversas opiniones sobre el sistema judicial que se debe aplicar en Colombia. ¿En cuál de los dos lados —penal acusatorio o sistema inquisitivo— está usted?
Reconociendo que es mejor el sistema de tendencia acusatoria, también hay que aceptar que ha tenido problemas en su implementación. Esto lo admiten tanto amigos como enemigos del mismo. Pero, realmente, no me acuerdo de haber escuchado declaraciones públicas de Alfonso con la intención de terminar el sistema acusatorio. Ha señalado fallas puntuales que no deben descartarse sin examinarlas. Son tan evidentes que la misma Fiscalía tiene avanzado un proyecto que se orienta a corregirlas.

Después del episodio del que hablamos, ¿cómo cree que deberían plantearse sus relaciones, como ministro de Justicia, con el fiscal general?
El presidente Santos mencionaba, en su discurso de posesión, la necesidad de que todos trabajemos en una misma dirección y eso, aunque no lo parezca, es importante en cuanto a la administración de justicia y lo que se deba hacer para mejorar su funcionamiento. Este no un trabajo exclusivo del ministro de Justicia sino que requiere la colaboración de todos los operadores del sistema, incluyendo, por supuesto, a la Fiscalía, además de los otros órganos y de la casi totalidad de los ministerios: Defensa, Hacienda, Tecnología, etc. Más importante que ser la cabeza de esa transformación es formar parte de su engranaje, con tal de que se logre el objetivo.
Según sus primeras declaraciones, usted ha dado la impresión de que la reforma del acceso ciudadano a la justicia será prioritaria, más que los problemas sobre el manejo electoral en las altas cortes. ¿Es así?
Sí. El tema que usted plantea en cuanto a las cortes y sus funciones electorales es importante, pero estoy seguro de que la mala imagen o, si quiere, la percepción del funcionamiento deficitario de la justicia que tiene el ciudadano de a pie no se debe a lo que ocurre en esos tribunales. Para mí es prioritario y más sensible el contacto diario de la ciudadanía con la justicia que, probablemente, se puede mejorar con una mínima intervención legislativa, sin modificaciones constitucionales y, tal vez, con una reforma gerencial u operativa.

Si bien es cierto que una justicia rápida es una necesidad social, también lo es que termine el mal ejemplo que algunas cabezas de la Rama Judicial han dado. ¿No cree que dedicarse a un problema y no a otro puede resultar mal ante la opinión?
No he dicho que voy a dedicarme sólo a un problema. Me preocupa que se genere la impresión de que si se modifica el funcionamiento de las cortes, se van a solucionar las fallas de la justicia. Y eso no es cierto. Por supuesto, hay que abordar el tema de los altos tribunales. Es más: el presidente lo ha dicho e incluso lo puso como un asunto importante de la agenda.

Perdone que insista en el punto, pero hay un puñado de magistrados que le han hecho mucho daño a la majestad de la justicia con sus ventajas electorales, sus brincos de corte en corte, sus votos para favorecerse entre sí. ¿Cómo tramitar una reforma independiente, sin la injerencia de quienes pueden resultar afectados con ella?
No creo que se pueda llegar a una reforma a la justicia de consenso, en el sentido de que todos pensemos exactamente lo mismo. No hay que temerle a la discrepancia. Me parece sana, siempre y cuando quienes intervengan lo hagan con el propósito de llegar a una meta común: el interés general. Eso supone que la discusión es bienvenida en la medida en que, uno, se entienda que lo que se pretende es mejorar la administración de justicia, y dos, que para lograr ese fin, todos estamos dispuestos a renunciar a posiciones personales. Y cuando hablo de “personales”, no sólo me refiero a individuos sino también a instituciones.

En teoría, lo que usted dice parece viable. Pero cuando hay poderosos intereses personales y de grupo es casi imposible que no traten de imponerlos sobre el bien común.
Debe partirse de la base de que hay buenas intenciones. Invitaría a todos los que tienen participación operativa en el sistema judicial a debatir ideas, a controvertir posiciones teniendo en cuenta los dos propósitos que ya mencioné y que me gustaría reiterar: uno, buscar el mejoramiento de la administración de justicia, y dos, estar dispuestos a renunciar a posiciones personales.

¿Está de acuerdo con las funciones que la Constitución les asignó a las cortes de nominar y elegir funcionarios y que han terminado en procedimientos poco transparentes?
Mi concepción sobre las cortes ha sido siempre la de aquellas que se dedican al tema estrictamente judicial. El ideal de corte con el que crecí era el del tribunal que creaba jurisprudencias y nada más. En principio, pienso que las funciones electorales son extrañas a las cortes, tan extrañas que nunca las pidieron sino que terminaron llegando a ellas por iniciativa ajena a la rama. Y, es cierto que, en términos generales, han tenido efecto negativo. De manera que es un punto que vale la pena revisar.

El presidente de la Corte Suprema dijo este fin de semana que el problema de las funciones electorales de las cortes no es tanto “a quién se le quitan sino a quién se le asignan”, dando la sensación de que se opone a la reforma. ¿Qué opina al respecto?
Él debe estar planteando un debate sobre el tema y, como tal, es bienvenido. En desarrollo de ese debate se deberán analizar tanto esa postura como las de quienes se han venido oponiendo a que las altas cortes continúen con las funciones electorales.

Otro tema que ha sido muy criticado es el del exceso de poder de la Procuraduría, la Contraloría y la Fiscalía. ¿Está de acuerdo con la revisión de las funciones de los órganos de control o piensa que esta discusión se presenta por las personas que los están dirigiendo ahora?
Es un tema que también valdría la pena revisar. Es posible que haya superposición de funciones en esas instituciones y que se hayan hecho más evidentes en algunas administraciones que en otras. Pero, fundamentalmente, puede haber un problema de diseño.

Frente al proceso de paz, su reto no será menor: si se llega a acuerdos finales, usted tendrá que hacerle entender al país que los guerrilleros que se reintegren al Estado necesitarían un tipo de justicia especial que podría significar, por ejemplo, disminución de penas. ¿Cómo cree que podría lograr esa especie de perdón colectivo?
Creo que hay que empezar con una labor de pedagogía, haciendo énfasis en que el concepto de justicia no es monocromático sino mucho más amplio de lo que la gente suele percibir. Normalmente se interpreta que justicia es cárcel, y por eso también se suele pensar que si no se aplica una determinada pena, no hay justicia. Entonces hay que explicar y aceptar que no toda la justicia es penal ni toda la justicia penal es aplicación de medidas privativas de la libertad.

Usted posee una condición personal muy interesante por el momento que vive el país: es hijo de quien se convirtió en símbolo de la justicia, el presidente de la Corte Suprema que murió en 1985 durante la toma del Palacio de Justicia por la guerrilla y la retoma por el Ejército. ¿Esta característica condicionará su ministerio en momentos en que se intenta llegar a un acuerdo de paz?
La recta y eficiente administración de justicia era el norte de mi padre y lo fue toda su vida. En ese sentido, sí estaré condicionado. Ahora, si usted se refiere específicamente a la muerte de mi padre durante la toma y retoma del Palacio, los procesos que se abrieron en su época y que tenían que ver con la actuación del M -19 terminaron con un indulto que permitió que se reinsertaran los guerrilleros en la sociedad.

¿Y cuáles son sus sentimientos respecto a esa decisión política?
Es un punto interesante para comentar porque la gente piensa que figuras como la amnistía o el indulto equivalen a la negación de justicia. Y esa, como decía al comienzo, es una visión muy estrecha. Las decisiones de indulto o amnistía que se tomaron respecto del M-19 por los hechos del Palacio constituyeron una manifestación de justicia que Colombia decidió aplicar. Y así debe tomarse.

Pero ¿usted estuvo de acuerdo con esa decisión en ese momento o lo está hoy?
En cuanto a los hechos que condujeron a la muerte de mi padre, el país hizo justicia. Que esta es, a veces, imperfecta, sí, hay que admitirlo: la justicia, en general, tiene imperfecciones. Pero en el caso de mi papá, repito, se aplicó justicia.

¿Piensa y siente lo mismo aún teniendo en cuenta que el resultado catastrófico de la retoma se debió a excesos militares, según varios conceptos judiciales?
Hay dos cosas que hay que aclarar respecto de la muerte mi padre: uno, que nunca hubo ninguna investigación que involucrara a miembros de las Fuerzas Militares en su caso particular, y dos, que en cuanto a la operación general de la retoma, hubo demandas de las víctimas y yo fui uno de los demandantes. El Consejo de Estado condenó a la Nación por abuso en el ejercicio de la fuerza con lo cual, en ese ámbito concreto, también operó la administración de justicia.

¿Su corazón esconde algún rencor?
Tengo un lindo recuerdo de mi padre y no siento ningún rencor. Evidentemente, hubo dolor, pero hoy vivo absolutamente tranquilo. Cada persona tiene que buscar su paz interior y cuando accede a ella puede decir que ha perdonado. Ese es mi caso.

¿Cree que su experiencia puede ser útil para el proceso de paz de La Habana?
Por supuesto, entendiendo que el concepto de perdón no es un formalismo sino que supone interiorizar la sensación de tranquilidad y no simular que se acepta sin que sea real. No puede haber paz si salimos a decir que perdonamos, pero continuamos odiándonos. Por eso es tan importante entender que la justicia no es, como le decía al inicio de esta entrevista, monocromática. Nadie fue a la cárcel por la muerte de mi padre. Y, sin embargo, reitero que se hizo justicia.

Va a cerrar o a mantener abierta su oficina de abogado litigante?
Se cierra por completo. Me voy con quienes me ayudaban. No queda nadie aquí.

¿Y los procesos que llevaba?
Estoy renunciando a todos y también estoy revisando unos temas puntuales en los que podría tener que ver como ministro, para saber si debo o no declararme impedido.

Usted nunca ha tenido que lidiar con los intereses entrecruzados de los mundos político y judicial, ¿cómo se enfrentará a ellos?
Con la Rama Judicial tengo muy antigua relación y creo que la conozco bastante bien. Por supuesto, tengo muchísimo menos contacto con el mundo de la política. Sin embargo, pienso que estamos en un momento en que la gente realmente quiere tener un país mejor, de tal manera que confío en que se pueden aunar esfuerzos.

El primer “chicharrón” que va a tener que enfrentar va a ser el de una escandalosa reforma a la justicia que “mató” el presidente precisamente porque era inaceptable, y que podría revivir en estos días por un fallo del Consejo de Estado. ¿Qué harían ustedes en ese caso?
Me parece un error comentar sentencias antes de leerlas y peor aún si no han sido proferidas. Prefiero esperar a que el Consejo de Estado se pronuncie.

Cómo cree que se puede conciliar la necesidad nacional de alcanzar la paz con las obligaciones del Estado, nacidas de convenios internacionales y del Derecho Humanitario que no se pueden “colombianizar”?
El Marco Jurídico para la Paz y la reciente decisión de la Corte Constitucional al respecto tienen límites claros y no desconocen los convenios internacionales. Estos son parámetros generales que como tales deben ser respetados. Pero, usando su expresión, sí se pueden “colombianizar” en el sentido de que hay que aplicarlos en la realidad del conflicto interno. Estoy seguro de que la comunidad internacional es receptiva frente a la modulación de esos principios en casos concretos.

Usted usa la expresión “comunidad receptiva” pero más bien, ¿la comunidad internacional no debería ser “comprensiva” con la situación que ha padecido Colombia?

El término “comprensivo” podría dar la impresión de que vamos a desconocer parámetros internacionales y que nos deberían perdonar ese desconocimiento. Lo adecuado es que la comunidad internacional sea receptiva, o sea, que entienda que los parámetros generales que ella ha trazado, pueden ser dúctiles.